La estafa telefónica y tostadas francesas (parte 3)
Tras hacer una llamada al estilo de los estafadores telefónicos, Shota va buscar su botín a casa de la "madre". Ella lo confunde con su hijo, al que no ve desde hace mucho, y lo colma de atenciones. Conmovido por su ternura, el muchacho no puede simplemente desaparecer con el dinero y termina visitándola a diario, después de haber conseguido empleo. Ambos pasan momentos de sosiego y felicidad juntos, pero un hecho repentino amenaza con poner fin a su ficticia relación de madre e hijo.